Historia de los vinos de Jerez

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Historia de los vinos de Jerez

El jerez (en inglés sherry, y en francés xérès) es una gama de vinos españoles que se cría principalmente en las ciudades gaditanas de Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda. La zona de producción de estos vinos, además de los municipios nombrados, abarca los de Chiclana de la Frontera, Chipiona, Puerto Real, Rota y Trebujena, y Lebrija, este último situado en la provincia de Sevilla. El conjunto geográfico formado por la zona de producción y la zona de crianza del jerez se conoce con el nombre de Marco de Jerez.

Debido a la larga historia de la provincia de Cádiz, la cual cuenta con más de 3.000 años, largo es también el recorrido de los vinos producidos en el Marco de Jerez. Cádiz es una ciudad fundada por pueblos comerciantes fenicios. Arqueólogos e historiadores coinciden que fueron también estos quienes trajeron las artes y conocimientos necesarios para la elaboración del vino. Es también sabido que el vino producido en la provincia se distribuía y comercializaba a través de todo el Mediterráneo, llegando incluso a las ciudades más influyentes del momento, como lo era Roma.

En el año 711 comenzó la dominación árabe, durante la cual y aún bajo la prohibición del consumo, Jerez siguió siendo un productor importante de vino. Su utilización tenía principalmente fines medicinales.

Es durante y tras la reconquista a partir de los siglos XII y XIII en el que el vino de Jerez gozó de un resplandor destacable. Los “Sherish” tal que como se conocían debido al nombre árabe de la ciudad, se comercializaban ya en Inglaterra y otros muchos territorios de Europa y el Mediterráneo.

Con el descubrimiento y conquista de América, se abrieron nuevos mercados para los vinos jerezanos. El siglo XIX fue también especialmente importante para la industria del vino en la provincia de Cádiz. Fueron varios los empresarios principalmente vascos y de otras partes del norte de España que atraídos por los beneficios y potencial de la industria, viajaron a Cádiz para invertir en lo que se conocía era un producto gourmet de alta calidad, muy demandado.

Aunque a finales del siglo XIX, las viñas jerezanas sufrieron junto con el resto de viñedos europeos el azote de la epidemia filoxérica, un insecto importado de américa que supuso la mayor catástrofe en la historia de la industria vitivinícola, su recuperación fue relativamente rápida en comparación con el resto de Europa. Los años posteriores fueron años de progreso, crecimiento y riqueza para los vinos jerezanos. El mayor escollo que aún perdura, fue el surgimiento de vinos sucedáneos. Esto se ha conseguido paliar en cierta manera con la creación y defensa de la Denominación de Origen Jerez y su Consejo Regulador.

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